Aquí, la prueba. Hechos marujas.

Y treinta y nueve. Terracita en casa de Sergio, y plan suficiente para un sábado de agosto en Murcia. Que vamos a hacer, esto no es Jólibu. Y mira que me podría haber ido a la playa, a la Manga con Paqui y Miguel, pero es tengo demasiado trabajo aquí, mi casi inexistente paz de espíritu me lo impide. Mañana quizá, si me levanto pronto y tengo ganas. Y si llevo avanzada la actualización a la nueva tienda virtual (mejor terminada).
Por primera vez en mi vida, estoy echando de menos la playa, que curioso. Es que me gusta poco la arena, pero mucho los bikinis.
Supongo que fabulo la laxitud de la orilla del mar. La tranquilidad, el sol, la paz. Aunque luego es mentira, allí tengo a los amigos que me ofrecen casa, a mi amigo Angelito, a mi hermano Pablo en casa de su suegro, a mi amigo Jose el Tato, lo que significa caña al mono que es de goma. Debe ser mi sino, no parar, aunque no creo en esas cosas.
Nunca paro, es que si no me aburro. Me pasa como los tiburones, que si dejan de nadar no pueden respirar. ¿Es que es ya como un síndrome de Estocolmo para mí? ¿Algún día podré ir mas tranquilo? Sin tener que morirme, que ya sé que me lo vais a decir.
Ya os hablaré más despacio de ésto que me pasa.
Ahora, la frase del día, que es buenísima. Ni que la hubiera escrito yo.
Es mejor ser un ser humano insatisfecho que un cerdo satisfecho.
John Stuart Mill

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